Millones de españoles estaremos pendientes de él, la mayoría desde nuestras casas, o fiestas, y algunos muy cerca de él, (luego sabremos por qué), me estoy refiriendo al reloj de “gobernación” o como es más conocido por todos, el Reloj de La Puerta del Sol.

Antes de que existiera este reloj, los Madrileños miraban la hora en el reloj de la desaparecida Iglesia del Buen Suceso, que ocupaba el solar de la casa conocida por estar la imagen de “Tío Pepe” y que ahora esta la tienda Apple. Era un reloj con una única manecilla y muy poco preciso.

En el año 1854 se derribo la iglesia y la Puerta del Sol se quedo sin referencia horaria para todas aquellas personas que transitaban por ella, es por este motivo que se decide colocar un reloj en la parte superior del Edificio de Gobernación. Éste contaba con tres esferas y fue fabricado por Tomás de Miguel pero seguía siendo poco exacto.

Gracias a estos fallos continuos no se hizo esperar y conociendo el gracejo de los madrileños, pronto comenzó a circular por Madrid la siguiente cantinela:

Este reló tan fatal
Que hay en la Puerta del Sol
-dijo un turco a un español
¿Por qué funciona tan mal?
Y el turco con desparpajo
contestó cual perro viejo
«Esté reló es el espejo
del Gobierno que hay debajo»

Hubo que ponerse a buscar una solución y esta fue ponerse en contacto con el prestigioso relojero (Español) José Rodríguez “Losada”, que tenía su establecimiento en el número 105 de la prestigiosa Regent Street de Londres y que fabrico durante toda su vida más de 6000 relojes, y él en 1863 acepta, encantado, el encargo por el que será recordado.

La construcción del mismo tardó aproximadamente 3 años y para la sorpresa de todos, el famoso relojero no cobró absolutamente nada por el trabajo y regaló también la maquinaria del nuevo reloj al Ayuntamiento de Madrid.

La inauguración del mismo se hizo el 19 de noviembre de 1866 por la Reina Isabel II en conmemoración de su 36 cumpleaños.

Desde entonces lleva cuidando el tiempo de los madrileños y viendo todo lo que ha pasado en estos años.

La precisión del reloj es tal, que hace que sólo se retrase 4 segundos al mes
Muchos esperaban la inauguración del mismo la cual se llevó un 19 de noviembre de 1866 por la reina Isabel II como conmemoración de su cumpleaños.

El histórico reloj actual conserva en un 98 por ciento su maquinaria original y desde 1996 es revisado cada semana por los Relojeros de Casa Losada, encargados de su cuidado; en los días previos a las campanadas comprueban a diario su estado y precisión. En la media noche del 31, serán tres maestros de esta Casa (Pedro y Santiago Ortiz y el propio López-Terrados) los que permanecerán en la torre del edificio velando por que todo esté en orden.

El reloj, que está sincronizado con el Observatorio Astronómico Nacional, cuenta con una maquinaria fácilmente desmontable -ya que cualquiera de sus piezas se pude desarmar por separado sin necesidad de tener que desmontar el reloj- y especialmente precisa que posibilita que sólo se retrase cuatro segundos al mes. Esa precisión es en parte debida a la presencia de un gran péndulo de tres metros de longitud que tarda dos segundos en realizar su recorrido.

Entre las curiosidades del funcionamiento del Reloj durante las campanadas destaca que 28 segundos antes de la media noche se produce el descenso de la gran bola que indica que el año está a punto de terminar y que da paso a ‘los cuartos’ que preceden a las doce campanadas. Éstas repicarán a las doce en punto de la noche con un intervalo de tres segundos para finalmente dar la bienvenida al año nuevo.

Y ¿Por qué se toman las Uvas en la Puerta del Sol de Madrid?
Si bien se dice que se toman uvas por un excedente de producción de dicha fruta, en Murcia y Alicante, esta historia tiene algo de razón, pero el origen se remonta a algunos años antes.

El primer testimonio escrito que constata la tradición de tomarse doce uvas en la Puerta del Sol a las 12 de la noche del 31 de diciembre, es de la prensa madrileña en enero de 1897, donde se comenta que: “Es costumbre madrileña comer doce uvas al dar las doce horas en el reloj que separa el año saliente del entrante” lo cual quiere decir que al menos en 1896 así se hizo, y probablemente algún año atrás.

La explicación plausible de por qué alguien decidió que era buena idea pasar frío la última noche del año esperando que un reloj diera las 12 campanadas para atragantarse con una docena de uvas tiene su miga. Resulta que en 1882 el alcalde de Madrid, José Abascal y Carredano, decidió imponer una tasa de un duro a todos aquellos que quisieran salir a recibir a los Reyes Magos la noche del día 5 de enero. El fin de esta otra tradición no era tal —no confundir con la cabalgata de Reyes— sino más bien el de pasar una noche de fiesta, borrachera y armando jaleo.

Así, privados los madrileños de esta noche de farra —salvo para aquellos que dispusieran de tal fortuna— algunos se animaron a celebrar la Nochevieja en la Puerta del Sol, comiendo uvas con las campanadas, tal vez como protesta o como mofa de la tradición burguesa de comer uvas y champán en la cena de Nochevieja, una tradición que reflejan los periódicos de la época y que dicen importada de Francia y Alemania.

Este comportamiento se extendió y popularizó rápidamente en la capital, hasta el punto de que en 1897 los comerciantes de la ciudad ya publicitaban las uvas de la suerte, y en pocos años se conocía en lugares tan lejanos como Tenerife. Ahí es donde entran nuestros agricultores levantinos del principio, que aprovechando su excedente de producción de 1909, realizaron una campaña para promulgar y potenciar la costumbre por todo el país, y así poder colocar su mercancía.

El reloj en fechas navideñas